18 dic. 2007

Game over

Lamentablemente este fin de semana ha pasado lo que llevabamos temiendo dos años y medio (desde que le detectaron el cáncer). Mi cuñado, David, ha muerto en la madrugada del domingo.

Ha tenido mucho valor, ha aguantado dosis de quimio bestiales y ha luchado como un jabato. Sin embargo el último mes ha sido una dolorosa decadencia. Cada semana que estaba con él veía que se apagaba un poquito más, hasta que el pasado viernes tuvo que pedir que lo llevaran al hospital. Él (y los que lo rodeábamos y lo queremos) sabíamos que una vez que lo ingresaran no habría vuelta atrás, que no volvería a casa. Por lo tanto ha aguantado tanto como ha podido en su casa, con su mujer y su hija de 4 años. El sábado estuvimos en el hospital y veíamos como se apagaba a pasos agigantados, como cuando estaba despierto no respiraba y cuando lo sedaban lo hacía tenuemente. Pudimos abrazarlo, darle un último beso y decirle que lo queríamos. El sábado por la noche volvimos a casa para descansar unas horas, y temimos que no lo veríamos con vida el Domingo. Así fue, a las siete de la mañana nos daban la noticia de que había fallecido, con las dos mujeres de su vida, su madre y su mujer a su lado.

No por esperada una muerte de esta forma deja de ser menos dolorosa. Otro día con más calma hablaré del tema, pero en este país se necesita una reflexion seria sobre la eutanasia,y el derecho a morir con dignidad.

No puedo menos que hacerle un homenaje a Esther, su mujer, que lo ha cuidado con amor todo este tiempo y ha llevado como ha podido esa situación, además de criar a una niña de 4 años. Por mucha ayuda que le hemos podido brindar (especialmente Jose y Loli, padres de David) los demás, cuando se cerraba la puerta ella se encontraba con un marido al que no sabía cuanto tiempo iba a tener.

Especiales gracias al hospital de Can Ruti, a la gente de oncología, que en todo momento los/nos han tratado magníficamente.

Mi mujer (su hermana) y sus padres lo van a echar muchísimo de menos. Y yo también, pero de mi pena no toca hablar.

Deja mujer e hija, padres y hermana, y mucha mucha gente que lo quería, y que vino de la isla donde vivían para darle su último adiós.

David, nunca te olvidaremos.

Te queremos.

Si muero.
dejad el balcón abierto.

El niño come naranjas.
(Desde mi balcón lo veo.)

El segador siega el trigo.
(Desde mi balcón lo siento.)

¡Si muero,
dejad el balcón abierto!

Federico García Lorca

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