30 mar. 2007

Clasicos de hoy y siempre: Casablanca

Hay historias que sobreviven a su época. Los hombres ya no llevan sombrero, ni las mujeres esperan a que los hombres decidan sus vidas por ellas. Ya no hay generales nazis (alguno se escapó), y, al menos en Europa, nos digan lo que nos digan, el fascismo queda muy lejos.

Se ha estudiado millones de veces porque Casablanca está considerada una de las mejores películas de la historia. Y hay millones de respuestas. ¿La mía? Que me emociona. Porque habla de emociones como la esperanza, la confianza y el honor, y lo hace sin caer en sentimentalismos baratos, de feria. Lo hace con una lucidez sorprendente.

La historia de amor es, paradójicamente lo menos importante. Elsa sólo tiene la función en esta historia de recordar a Rick quién es él, en qué cree y que ha dejado muchas cosas por el camino, sobretodo la esperanza. Se ha refugiado en Casablanca para lamerse las heridas, para descansar después del combate (mi historia favorita del heroe cansado). Sin embargo la batalla continua y el no puede quedarse al margen.

Casablanca es también un salto a ciegas en manos de otros. El de Elsa con Rick, cuando le pide que decida por ella. El de Laszlo a Rick, cuando sin conocerlo de nada le pide que le consiga los pases de los alemanes muertos. El de Rick cuando mata al general con el comisario delante.

La Marsellesa cantada en el Rick's Café, es uno de los momentos más emocionantes para mi de la historia del cine. Es un disparate (visto desde un punto de vista lógico) pero hay veces que es necesario hacer un gesto, y lo hace. Porque los gestos es lo que nos queda en la memoria cuando todo ha desparecido (¿quién no recuerda al estudiante de Tiananmen?)


Porque Ingrid está bellísima, porque Bogart está siempre a punto de romperse, pero nunca roto, porque Calude Rains está magnífico como ese capitan canalla.

Porque nos hace soñar.

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